Hemeroteca :: 15/03/2009
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Manolo Méndez
Un año más, y suman 4 ya, los pescadores de bajura del Cantábrico han visto pasar con estéril pena la fecha tradicional del 1 de marzo, que el calendario señalaba otrora como la del comienzo de la costera de la anchoa. El Golfo de Vizcaya sigue en veda –descanso biológico– para esta pesquería. Así lleva desde 2005, y lo más triste y dramático es que, según parece, por los datos recabados por la UE, la situación apenas ha mejorado. Entienden los científicos marinos que los requisitos mínimos del caladero, para garantizar su supervivencia futura, no pueden situarse por debajo de un nivel de biomasa de 33.000 toneladas. En los años de buena memoria, allá por los 60, los rendimientos de pesca en la zona sobrepasaban con holgura, en algunas campañas, las 80.000 toneladas. De ahí se pasó a 30.000 en los 70, a menos de 20.000 en los 80 y a poco más de 1.500 en la última registrada (que hubo de suspenderse, apenas comenzada, por la dramática verificación de la inutilidad del esfuerzo) antes de la moratoria.
¿Qué pasó, y de quién es la culpa? Evidentemente, todos los implicados, armadores, asentadores, pescadores, son culpables en su parte alícuota, pero será de justicia poner en conocimiento general los distintos grados de esa responsabilidad. Los datos, expuestos en términos lineales, parecen apuntar a España, que en teoría dispone del 90% de la cuota comunitaria en la zona, con unos 300 barcos implicados. Sin embargo, han sido los franceses, con su exiguo 10% restante, los que más han presionado, con diferencia, el caladero. La pregunta es obvia e inmediata: ¿cómo es posible esto, si los galos apenas disponen de unos 80 barcos? Pues muy sencillo: los barcos españoles han mantenido siempre –y defendido– la utilización del arte tradicional, es decir, redes de cerco de superficie y media profundidad. Los galos, sin embargo, pese a las dramáticas denuncias españolas, que resultaron inútiles en su día ante la UE, han puesto en juego embarcaciones modernas, de gran potencia de arrastre, que permiten la utilización de redes pelágicas (que operan a gran profundidad), cuyo efecto es devastador en lo cuantitativo (los 80 barcos franceses capturaron en el periodo 1993-2005 más de 175.000 toneladas, frente a las menos de 167.000 de los 300 cerqueros españoles) y aún peor en lo cualitativo, ya que las capturas a alta profundidad impiden que los individuos renueven su ciclo vital, ya que la anchoa, que vive la mayor parte del año en los grandes fondos, sube a la superficie con los primeros calores que apuntan a la primavera... para desovar; es decir, para perpetuarse como especie.

La cosa, en fin, está mal. Muy mal. Y con muy negro futuro, además, ya que, a más desgracia, los científicos apuntan ahora a la posibilidad de que una de las razones de la prácticamente nula recuperación operada en el caladero en los cuatro años que van de moratoria puede derivarse de que los peces más grandes (por aquello de la cadena trófica) han aprovechado y reemplazado en este tiempo al hombre en la presión sobre la diminuta y esquilmada anchoa.

OPINIÓN

Mónica Muñoz Blanco Editora de Mercados del Vino y la Distribución
Están los tiempos revueltos para todos y también, cómo no, en los medios de comunicación, por eso en esta ocasión me ha parecido interesante tratar el tema de la libertad de prensa, de la transparencia, en definitiva, de la democracia.

Es de todos conocido cómo han ido politizándose los medios de comunicación, hasta llegar a un punto en el que comprar o escuchar un determinado medio era signo de identificación política. ¡Qué pocos medios han conservado su independencia, su capacidad de información plural y crítica! Hay, sin embargo, un segmento de prensa que aún conserva su prestigio profesional: la prensa gratuita, prensa que, como Arsenio Escolar, presidente de la AEEPP, dice, no sólo es gratuita, sino que no se vende.

En el sector de la prensa especializada, ahora que el ámbito de información se amplía de lo puramente técnico a lo generalista, y a medida que la fórmula va demostrando su éxito, empieza a notarse un peligroso cambio en la voluntad de utilizar esta herramienta en propio beneficio. Cuestión ésta que, hecha con el debido rigor, todos comprendemos. Es lícito, incluso deseable, que una empresa u organización intente vehicular información a su audiencia, para eso existen los espacios publicitarios y demás fórmulas como el patrocinio o los publirreportajes; lo que ya no es tan asumible es que se intente disfrazar de opinión independiente o de opinión publica, y menos aún que trate de hacerse utilizando formulas de presión, condicionando los recursos económicos disponibles. La ley de contratación pública establece en cuanto a la publicidad un sistema de proporcionalidad en el reparto de los fondos destinados a medios en campañas institucionales, que responden a los criterios objetivos de tirada y difusión, de esa manera, y siempre que se cumpla, se pretende proteger la igualdad de oportunidades y la libertad de prensa.