Hemeroteca :: 15/07/2010
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Mercado Local
Última actualización 20/07/2010@01:26:05 GMT+1
El dimitido José García Carrión, cuando aún ostentaba la presidencia de la FEV, junto al secretario general de Medio Rural y Agua, Josep Puxeu.
Los momentos difíciles por los que pasa el sector del vino están ocasionando una verdadera crisis en su organización más representativa. ¿O es al revés? La organización que pretende ser la más representativa del sector se demuestra incapaz de dirigir una estrategia común para dar respuestas a un sector atomizado y colapsado por intereses particulares, donde nadie es capaz de poner orden.
La reciente dimisión de su presidente, José García Carrión, ha destapado la caja de los truenos y ha dejado ver la metástasis de todos sus órganos, empezando por el propio Consejo. Aunque las malas lenguas decían que su sucesor natural, Félix Solís, no quería asumir la gestión, finalmente la FEV le ha nombrado presidente en la última asamblea que la federación celebraba. Y no por un año, como en principio se esperaba, ya que es el tiempo que restaba para que finalizase el mandato de García Carrión, sino por tres, es decir, un mandato completo.

A su vez –aunque García Carrión elegantemente adujo motivos de salud–, fuentes bien informadas aseguraban a este medio que la imposibilidad de gestionar las dos organizaciones bajo el mismo paraguas, es decir, la propia FEV y el Observatorio Español del Mercado del Vino (OeMv), sumada a su difícil relación con ambos gerentes, han sido las verdaderas razones que llevaron al murciano a colgar la vara de mando.

Situación delicada
Sea por una cosa o por la contraria, lo cierto es que la situación se plantea delicada. El siguiente en la línea sucesoria es Pernod Ricard, dueño de Bodegas Domecq. Christian Barré, su actual director, ha manifestado en varias ocasiones su voluntad de acceder al cargo. Esto así dicho no tendría mucha trascendencia, pero si profundizamos un poco descubrimos motivos de inquietud manifiesta: Nos desayunábamos el pasado día 23 de junio con el anuncio de que Pernod Ricard ha constituido una compañía llamada Premium Wine Brands, bajo la que quedan todos los vinos de Pernod Ricard. Es decir: Domecq vinos. La dirección de esta nueva compañía ha recaído en el actual director de Pernod Ricard Asia Pacífico ¡en Australia! Un profesional muy cualificado en estrategia de márketing global de vinos que, si hace bien su trabajo, defenderá los intereses estratégicos de su compañía, y no necesariamente los de España ni los de la FEV.

En cualquier caso, puede suceder que dirija los destinos de dicha federación alguien que tiene que defender a su vez los intereses de los vinos australianos. Interesante paradoja. Ante esta posibilidad, los gestores de la organización mueven ficha y se plantearon proponer la presidencia a un personaje que representase perfectamente el vino español y que también tiene intereses directos: Miguel Torres. Esta opción parecía conveniente, pero ¿cómo contentar a Barré? Una posibilidad hubiese sido dividir las presidencias de las dos organizaciones en cuestión: Barré, presidente del Observatorio; Torres, de la Federación. Resolvería todos los problemas menos dos: uno, el hecho de que el Observatorio, organización bajo el paraguas del MARM, estaría bajo influencia extranjera; otra, no menos importante, los estatutos, que por supuesto no contemplan ni permiten semejante apaño.

Hasta que definitivamente Félix Solís fue elegido, la preocupación de los socios iba en aumento, ante el vacío de poder reinante en la que debería ser una organización sectorial sólida, fuerte y representativa, y que sin embargo se demuestra poco sólida, nada fuerte y por supuesto no representativa.

Intereses
Hace tiempo que venimos analizando la pluralidad de intereses que malviven bajo el mismo techo. La falta de una estrategia sectorial clara y común, unida a las luchas intestinas, han desembocado en la pérdida de prestigio y de fuerza de esta organización, para ser quien represente al sector ante las instituciones publicas, ya sean españolas, como el Ministerio de Medio Ambiente y Medio Rural y Marino (MARM), o internacionales como Bruselas.

De hecho, hace poco tiempo se demostró esta falta de consenso cuando Christian Barré defendió ante la Comisión Europea, por encargo de la FEV, una posición sobre la nueva reglamentación de los vinos aromatizados, que no correspondía al encargo de lobby que la federación le había hecho, sino a la suya particular, provocando las iras del resto de miembros del Consejo de la organización.

Por su parte, las instituciones se muestran desconcertadas, ya que no existe otra organización representativa que sirva de interlocutor, puesto que Avimes, segunda en número de afiliados y más poderosa si se mide en términos de producción, llegó a un acuerdo con la FEV, gracias a la gestión del dimitido García Carrión.

Hace un par de años, y por motivos parecidos a los que ahora reavivan la crisis, Rioja abandonó la FEV. ¿Por qué no pilotó entonces la creación de una alternativa a la federación? Algunos señalan que el “ombliguismo” de la propia DO impide aunar intereses globales. Su falta de credibilidad en este sentido frente a otras DO limita su capacidad de consenso, además de no ser ajenos a problemas internos, que no ayudan a que pueda consolidarse como ejemplo a seguir.

Así las cosas, nos preguntamos: ¿Qué futuro tiene la FEV? ¿Qué intereses reales defiende, los de Jerez, los de La Mancha, los de Rioja? ¿Cabe la defensa de los intereses particulares en una organización sectorial? ¿Quién se beneficia de este vacío de poder? Mientras tanto, el sector pierde cuota de mercado local, no acaba de acceder al mercado internacional y los fondos europeos se acaban ya. Felicidades, estamos de enhorabuena.
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