Hemeroteca :: 15/03/2009
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Restauración

Visto y oído

Última actualización 12/03/2009@19:08:51 GMT+1
Miguel Sen
Giuseppe Tomasi de Lampedusa, el autor de la novela El gatopardo, tenía dos conceptos muy claros: el timbal de macarrones era un plato exquisito y las revoluciones consisten en cambiarlo todo para que todo sigua igual. Ahora que en el Principado que tiene por capital Barcelona se ha declarado una guerra encubierta entre seguidores de las doctrinas culinarias de la modernidad y amantes de las salsas clásicas, la teoría Lampedusa parece recuperar sentido. Dicen los primeros que ellos son la revolución y por tanto los otros cavernícolas reaccionarios. www.gastronomiaalternativa.com
El conflicto no ha llegado al río, porque en los dos congresos básicos, que son algo así como el Senado y las Cortes, alias el Fòrum de Girona y el Salón Degusta de Barcelona, a nadie le ha interesado un debate de posiciones. Mientras la nave va, el de Girona se abre tímidamente a la gastronomía del Mediterráneo sin olvidar la cocina espectáculo y el de Barcelona no se atreve a llenar los pabellones de la feria con payeses y sus productos.

Entre tanto, la guardia roja mira de reojo a la reaccionaria guardia blanca, mientras que la gente se lo pasa de miedo comiendo en restaurantes populares y yendo, los que pueden, a tiro fijo a los grandes de la cocina creativa, concretamente aquellos en los que no es fácil encontrar fallos. Lo malo, o lo bueno, es que comer en el ruidoso y popularísimo Can Roca, el barcelonés de Sant Andreu, no el dos estrellas de Girona, es infinitamente más económico que hacerlo en el delicado e intelectual Abac. Claro está que en el primero tienes que hablar a gritos y quitarte la chaqueta y en Abac todo es luxe, calme y volupté. Evidentemente, las comparaciones son odiosas, y tal y como están los precios, la clientela no atiende a razones dialécticas y sí tiene marcada tendencia a volverse de lo más reaccionaria. Pasan de lo caro que resulta ser del bando revolucionario, o más exactamente, les importa un pito las discusiones entre los mandarines de la prensa gastronómica. Precisamente esta dualidad entre lo nuevo y lo redescubierto, entre Hisop, Gresca y la Bodega Sepúlveda, hacen de Barcelona una ciudad culinariamente rica, que pierde en estos días a uno de sus chefs creativos más interesantes. Ramon Freixa, como un futbolista de lujo, deja Barcelona para fichar por Madrid. Gracias al Ave, lo añoraremos menos, pero es evidente que Madrid gana una de las grandes figuras de la culinaria catalana. En su Recó d’en Freixa queda su padre, un excelente cocinero, que nos ofrecerá una carta clásica en la que encontraremos los recuerdos gustativos de su hijo cuando era aprendiz de chef. La pega es que Freixa en Madrid demuestra que en estos momentos la restauración barcelonesa concilia difícilmente varias tendencias gastronómicas a un tiempo. Lo mismo los mandarines tienen razón y se equivoca El gatopardo. Aunque no lo creo.
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